En las fotos, los escaladores en
las cimas de las montañas están sonrientes, pletóricos, triunfantes. Nadie hace
fotos del camino porque ¿quién quiere recordarlo? Nos exigimos porque es
necesario, no porque nos guste. El implacable ascenso. El dolor y la angustia
mientras intentas superarte. Nadie hace fotos de eso. Nadie quiere acordarse.
Solo queremos recordar las vistas desde la cima, el incomparable momento en la
cumbre del mundo. Eso nos ayuda a seguir ascendiendo y el dolor merece la pena.
Eso es lo extraño, que merece la pena.
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